El cirujano que reconstruyó un rostro destrozado en Alaska gracias a la impresión 3D

Redacción
Lunes, 02 Diciembre 2013

El cirujano y profesor de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Alaska Anchorage, James Kallman, tuvo que enfrentarse hace una década al reto de reconstruir el rostro del pescador Dan Bigley, que había sido atacado por un oso pardo. El médico y sus colegas se pasaron 14 horas en el quirófano.

Recientemente, el cirujano se enfrentó a un caso aún más difícil, el de Terrence Hinz, que se dio un brutal golpe contra un accesorio metálico en la primavera de 2013, tanto que le rompió la mandíbula, la frente, los pómulos y las cuencas de los ojos. La nariz quedó hecha añicos e incrustada en la cabeza, casi en contacto con el cerebro.

Después de estabilizar al paciente y curar sus heridas superficiales, el cirujano tuvo que esperar una semana a que bajara la hinchazón antes de poder iniciar la cirugía reconstructiva. Mientras esperaba ese momento, comenzó a darle vueltas al rompecabezas que se le avecinaba: cómo rehacer aquella cara destrozada.

Entonces pensó de qué manera podría convertir un TAC bidimensional del paciente en un modelado 3D físico que utilizar como una plantilla para diseñar los implantes antes de la labor quirúrgica y ahorrarse así un tiempo precioso en la sala de operaciones. Entonces llamó a la aventura al Rapid Lab Prototipos SAU, cuyo director era Jeff Hoffman, y le planteó sin más: “Tengo la cara de este hombre destrozada para reparar. Sería de muchísima ayuda si pudiera conseguir un modelo en 3D”.

Hoffman tenía una gran cantidad de tareas pendientes con los estudiantes, ya que se hallaba en mitad de un trimestre lectivo, pero se concentró en la manera en que una tomografía computerizada se convirtiera en un formato que pudiera ser renderizado sobre una impresora 3D.

Lo primero que tenía que hacer era encontrar la manera de aislar los huesos, incluyendo los fragmentos, de los tejidos. Para ello se valió de un software de código abierto, el ‘Slicer’ (literalmente, ‘cortador’). El arhivo creado gracias a ese programa lo envió a través de la impresora 3D de la Universidad de Alaska Anchorage (UAA). Uno de los modelos tardó 26 horas en imprimirse, para crear así la versión en polímero del cráneo que reflejaba la cara aplastada de Hinz.

Hoffman proporcionó el modelo a Kallman un sábado por la mañana, con lo cual el cirujano tuvo tiempo para diseñar placas de reconstrucción facial antes de la operación quirúrgica, programada para el lunes siguiente. Paralelamente, Kallman había contactado con representantes locales de la compañía biomédica Stryker, para seleccionare los implantes adecuados.

Había perdido por completo el marco de la cara que normalmente utilizaba para las reconstrucciones faciales. Tenía que volver a asegurar la frente de Hinz y el apoyo del cerebro, traer la nariz incrustada de nuevo hacia su sitio natural y restaurar soportes verticales en el centro del rostro, entre la frente y la mandíbula.

El cirujano también contactó con una compañía de Colorado llamada ‘Moldeado médico’, para crear el rostro final, un segundo modelo en 3D. Con ambos modelos en la mano aquel sábado, Kallman pudo probar diferentes materiales y preformas de los implantes que usaría en la sala de la operaciones.

Cuando comenzó la intervención quirúrgica, siempre tuvo los dos modelos 3D como referencia y había pedido hacer previamente los trabajos de ensayo/error sin la presión de un paciente tumbado en la mesa de operaciones y expuesto a una infección potencial.

Se había demostrado que el uso combinado de software y modelo 3D es muy valioso como ayuda a la cirugía reconstructiva. Las 14 horas de la operación a Dan Bigley, el atacado por el oso, quedaron reducidos a 8 horas en el caso de Hinz, el cual ha salvado el rostro, recuperado la visión en ambos ojos y el 100% de su capacidad de raciocinio.

 

 

 

 

Aplicación: Discapacidad, Medicina